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En Galicia: un 45 % más de llamadas a raíz de la pandemia sanitaria

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Foto de En Galicia: un 45 % más de llamadas a raíz de la pandemia sanitaria

La actividad de esta organización en Santiago se ha multiplicado desde marzo // Ayer, 10 de octubre, se conmemoró el Día Internacional de la Salud Mental

 

Parte del equipo de voluntarios durante un acto de la campaña de prevención del suicidio de 2019, día que se conmemora cada año el 10 de septiembre. También realizan actos en días como el de ayer, dedicado a la salud mental.

 

Soledad, miedo, ansiedad, tristeza. Son algunas de las sensaciones que se pueden catalogar como ‘denominador común’ de las miles de llamadas que recibe el Teléfono de la Esperanza. Esta ONG, de carácter estatal, tiene su sede gallega en Compostela, en la rúa de San Pedro de Mezonzo. Su actividad se ha incrementado notablemente desde el comienzo de la pandemia sanitaria en marzo.

 

El incremento de llamadas recibidas hasta la fecha, en comparación con el mismo periodo del año pasado, es del 45 por ciento. Y pese a que el confinamiento es en buena parte responsable, la cifra siguió estable tras la finalización del estado de alarma, y hasta la fecha. A nivel regional y estatal los datos siguen el mismo sendero. La explicación la tiene el presidente de la organización en Compostela, Andrés Abel Fernández: “Los problemas de la soledad, y la falta de relación social se van cambiando por el miedo a lo que va a pasar, o por el síndrome de la cabaña, por las obsesiones”.

 

A nivel nacional, el Teléfono de la Esperanza suma unas ochenta mil llamadas. De esas, entre abril y septiembre, unas veinte mil corresponden a Galicia. En Santiago rozan las 3.000 desde enero cuando, en un año normal, pasarían ligeramente de las 1.500. “El boom ha sido a partir del mes de marzo”, especifica el presidente de la organización en Santiago. El incremento da buena cuenta del aumento de la inestabilidad emocional en medio de la incertidumbre general.

 

La pregunta del millón es a qué clases de problemas tienen que hacer frente al otro lado del teléfono. En la capital gallega, los dilemas de aquellos que llaman al 981. 51.92.00 son similares a los del resto de Galicia. “Al margen de la pandemia, en Santiago predominan cuestiones familiares con la economía de por medio”, detalla Abel. Algo interesante que se puede extraer en lo relativo a la temática es el aumento de preocupaciones económicas en los últimos tiempos, del mismo modo que ocurrió tras la crisis económica de 2008. Las cifras son similares a nivel regional y nacional.“Era algo muy habitual en la crisis y lo vuelven a ser ahora. Las penas con pan son menos. Pero si además de tener una mala relación familiar, tienes problemas económicos...”, comenta.En este sentido, habla de familias que conviven bajo el mismo techo sin tener una buena relación pero a las que su mala economía las mantiene ancladas a esa situación.

 

Pese a que existe un perfil común, las problemáticas varían en función de los grupos de edad. En los mayores hay dos circunstancias que predominan, una es el hecho de padecer alguna enfermedad, con la sensación de vulnerabilidad y dolor que conlleva; otra es la soledad de aquellos que no tienen ya a sus parejas o hermanos cerca, o que no cuentan con la compañía constante de hijos o nietos. En los jóvenes los problemas están relacionados con la proyección a largo plazo: crisis vitales por no encontrar su camino, o porque no le ven sentido a su existencia. Es en ese apartado donde aparecen las ideas suicidas. En estos casos, aunque no son mayoritarios, “necesitan que nos ocupemos más, más atención, son personas muy delicadas, especialmente adolescentes”, analiza Andrés Abel Fernández.

 

Su trabajo requiere un gran esfuerzo de preparación mental. Las personas que llaman no solo les transmiten situaciones negativas, sino que necesitan soluciones, una especie de salida. “En muchas personas toca escarbar mucho para encontrar algo a lo que se puedan agarrar, para que vean algo de luz ante el cúmulo de problemas familiares o laborales que acumulan”, insiste el presidente. Muchas veces, transmitir esperanza resulta, por desgracia, una tarea ardua.

 

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