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| Ave en movimiento. Foto Jesús Aguado |
Me emociona la marcha negra de los mineros; doscientos hombres recorriendo a pie los caminos hacia Madrid, bajo un sol de justicia y un calor sofocante, sólo cubiertos con sus cascos de trabajo y su manto de esperanza.
Me emocionan los abrazos de sus madres, mujeres e hijos al final de cada etapa, entre gritos de alegría y voces de ánimo.
Me emocionan los gestos solidarios de ciudadanos anónimos que, al paso de los mineros, acuden solícitos a ofrecerles agua, a dar ánimos, a aplaudir su gesta, a apoyarlos en la medida de sus posibilidades, a reconocer su coraje.
Me emocionan igualmente los jóvenes y adolescentes que deciden hacerse voluntarios en cualquier ONG, para aportar así su esfuerzo y su entusiasmo en el intento de mejorar este mundo en el que vivimos.
Me emocionan las personas que cambian sus cómodas vacaciones de playa por vacaciones solidarias, haciendo lo que saben o pueden hacer, sin esperar otro beneficio que el agradecimiento sincero de quienes reciben su ayuda y la satisfacción interna que ello proporciona.
Me emociona, en definitiva, la gente que no se conforma con su suerte, que intenta mejorar la cosas, que lucha por lograr cambios significativos en su vida y en su mundo, que se levanta de su sillón y empieza a resolver cuestiones concretas.
A estas alturas, las palabras aturden y aburren. Los gestos emocionan y convencen.
La escribana del Reino
M.E.Valbuena



