La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"Sigmund Freud, creador del psicoanálisis


Un curso de El Teléfono de la Esperanza guía por el duelo a aquellos que afrontan la pérdida de un ser querido. Mediante ayuda individualizada o en una decena de sesiones colectivas comparten su experiencia, su rabia, su dolor, su impotencia, sus miedos y dudas, y aprenden a vivir sin esa persona. Dos de los participantes relatan su experiencia.
Juan no lloró tras la muerte de su padre. Se llenó de entereza, se tragó las lágrimas y acompañó a su madre y sus hermanas en el dolor por la pérdida del patriarca, haciendo gala de una fachada de fortaleza que en realidad no existía. El nombre, Juan, es ficticio, la historia es la realidad que vivió a finales de 2010 este hombre que hoy tiene 38 años y que hace un año llamó al Teléfono de la Esperanza solicitando ayuda para superar un duelo que se le había quedado atascado en la garganta y necesitaba sacar.
"Cuando mi padre murió me vi como el hombre de la familia. Sentí que no podía llorar porque cada vez que mi madre nos veía mal a alguno, ella se ponía peor. Así que comencé a acumular todo lo que me estaba pasando", recuerda. El fallecimiento se produjo además cuando faltaba poco más de un mes para que naciera su primer hijo. "Tenía un cúmulo de sensaciones encontradas como consecuencia de la muerte de mi padre y el próximo nacimiento de mi hijo. Sentía que estaba embotado porque habían sido muchas emociones y no había tenido el espacio necesario para poder sacarlas", recuerda.
Una entrevista
Una amiga le habló de un taller de duelo que se impartía en el Teléfono de la Esperanza. Y decidió preguntar. "No sabía si me serviría de algo, pero necesitaba que alguien me ayudara a quitar la maraña que tenía en la cabeza con todo lo que estaba pasando. Y necesitaba que me ayudaran de forma urgente, porque quería estar bien para poder disfrutar y estar con mi mujer en el nacimiento de mi hijo", explica. Así fue como entró en contacto con Jimena Basto la psicóloga de este taller que acaba de comenzar una nueva edición.
"Juan tenía el duelo muy elaborado. Era consciente de lo que sucedía y lo que necesitaba era poder exteriorizar sus sentimientos. Era lo que le faltaba", resume la experta sobre la atención que recibió. (seguir leyendo)
Redacción: ROCIO CANTERO Publicado en El Periódico de Extremadura
Revista avivir (Nº 245)
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