Navidad viene de natividad y natividad significa nacimiento. Y nacimiento siempre es una nueva vida, es una oportunidad, es un abrirse a la novedad que nos espera.
Si esto es así, celebrar la Navidad –al margen del sentido fundamentalmente religioso- es celebrar el nacimiento a:
- la acogida
- la ternura
- la mirada limpia
- el corazón abierto
- la mente despierta y tranquila
- el pensamiento positivo
- la actitud agradecida
- el espíritu comprometido
- la sonrisa fácil y franca
- la mesa preparada
- los bienes y los males compartidos
- ...
Siguiendo con el razonamiento: si esto, de verdad, fuera así, no deberían existir en Navidad –al menos, en Navidad- comidas solitarias, ni Hogares para desamparados, ni balas perdidas, ni miradas asesinas, ni gestos desagradables, ni Teléfono de la Esperanza, ni limosnas culpables, ni derroches embrutecedores, ni sospechas infundadas, ni tantas otras cosas.
Pero... “haberlas haylas”
La escribana del Reino
M.E.Valbuena



