Asunción tiene 66 años de los que ha dedicado 25 al voluntariado en el Teléfono de la Esperanza, «y no lo voy a dejar nunca». Está jubilada y ello le permite «dedicarse mañana y tarde todos los días» a una acción que la ayuda a «realizarse al estar junto a la gente y poderla conocer en profundidad».
En estos momentos su labor consiste en «dar formación a voluntarios» a través de los cursos que ofrecen a aquellos que han de atender el teléfono al que llaman cientos de personas con los problemas más diversos.
Formación no es lo único que Asunción ofrece. También atiende llamadas, lo ha hecho desde que llegó al Teléfono de la Esperanza y mediante esta acción ha hecho «muchos amigos, tengo una segunda familia».
No duda en recomendar a «cualquiera que crea en las personas» trabajar como voluntario porque está convencida de que todos «somos capaces de aportar». Insiste en que para quienes llaman es muy importante encontrar a alguien a quien contar «algo que en ocasiones no ha sido capaz de decir a nadie». Y para que ello sea posible detrás del teléfono 96 391 60 06 siempre hay alguien dispuesto a escuchar.