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El aumento de parados provoca un incremento de personas sin hogar

Foto de El aumento de parados provoca un incremento de personas sin hogar

El aumento de parados de larga duración en los últimos años ha provocado un incremento en el número de personas que viven en la calle en Cádiz, tal y como se reflejaba en el artículo publicado por este Diario el pasado domingo donde se mostraban desempleados que viven en una nave de la Zona Franca. Así lo manifiesta María Jesús Romero, trabajadora social del centro de día para personas sin hogar Luz y Sal de la capital gaditana, centro que acoge sólo a aquellas personas "que tienen iniciativa y motivación para su recuperación personal y buscan alternativas que le ayuden a salir de su situación actual".

 

María Jesús Romero expresa que el colectivo de personas sin hogar ha cambiado en los últimos tiempos y va en aumento. Reconoce que la crisis afecta bastante en este sentido. Según esta trabajadora social, al perfil tradicional de personas ’sin techo’ (mayores que no tienen familia, enfermos mentales o personas con adicciones) se han unido los parados de larga duración "porque hoy en día tienen menos oportunidades". También se han incorporado los inmigrantes, que antes encontraban trabajo fácilmente y ahora no, y separados y divorciados, debido a que ahora las mujeres tienen más coberturas y eso provoca que el hombre se vea en la calle, además de personas denunciadas por malos tratos.

 

Como consecuencia de las circunstancias económicas actuales, "las personas que quieren salir de esta situación, que tienen potencialidad y habilidades, no pueden hacerlo por las pocas posibilidades que existen". De hecho, afirma que hoy en día "hay que tirar de ayudas, subvenciones, cursos pagados, talleres de empleo o empresas de inserción para poder ofrecer alguna oportunidad, ya que el mercado libre no la está dando".

 

Y lo peor es que la situación de desempleo de larga duración puede afectar notablemente al equilibrio psicológico de quien lo sufre, según el psicólogo Fernando López Arjona. "Puede, por ejemplo, provocar en las personas pensamientos de invalidez, que afecten a su autoestima y que a su vez provoquen algunos de los síntomas que suelen relacionarse con los trastornos del estado de ánimo, como la irritabilidad, el aislamiento, la apatía o la desesperanza", apunta López Arjona, quien añade que precisamente estos síntomas pueden hacer que disminuya la probabilidad de encontrar empleo y que en ocasiones, "amplificados por su cronicidad, deriven en problemas económicos, familiares o de consumo de sustancias adictivas. Esto acabaría desembocando en situaciones de exclusión social".

 

Según este psicólogo, afrontar una situación de desempleo requiere por parte de las personas el uso de un conjunto de habilidades que se agrupan bajo la etiqueta de "resiliencia", que es "la capacidad del ser humano para afrontar circunstancias adversas, superarlas y utilizarlas en su propio beneficio". Argumenta que ese conjunto de habilidades se pueden dividir en dos grupos, "por un lado estarían aquellas que mejoran la capacidad del individuo para protegerse en situaciones de presión, y por otro aquellas conductas positivas que ayudan a responder de forma proactiva a la situación".

 

López Arjona señala que un despido laboral puede gestionarse con un enfoque resiliente si por un lado se tiene capacidad de protegerse de la presión, "considerándolo un cambio al que adaptarse, con el que crecer, establecer nuevas relaciones, intentando analizar qué factores de aquellos que intervinieron en su despido dependen de él y cómo mejorarlos de manera realista". Y, por otro lado, genera conductas positivas que mejoren su respuesta a la situación "manteniendo el nivel de actividad, considerando la búsqueda de empleo como una jornada laboral o ampliando su capacitación". De esta forma, en palabras de López Arjona, "no solo es más probable encontrar empleo porque se optimizan las capacidades, también mejora la capacidad de las personas para atravesar una circunstancia difícil, sin coste para su equilibrio psicológico".

 

Por su parte, la catedrática de Sociología de la Universidad de Cádiz, Gema González Ferrera, afirma que para entender la situación que se vive actualmente es importante contextualizar el problema del empleo. Explica que en otras culturas y en la nuestra antes de la llegada de la industrialización y del capitalismo, lo normal era que varias generaciones de una misma familia convivieran juntas y hubiese una economía comunitaria. La familia era una unidad para producir y consumir y no existía conciencia de lo que era productivo y lo que no. Señala que la idea de que cada uno debe resolver sus necesidades es algo muy cultural pero está muy interiorizado, por lo que hoy en día "si no tienes un empleo no eres nadie, y eso afecta al equilibrio psicológico".

 

Además, según indica esta catedrática, la política ha perdido el control sobre la economía y esto ha provocado que los ciudadanos estén desprotegidos y en manos de los intereses de las grandes empresas internacionales. La cara opuesta de esta situación es el estrés laboral que sufren las personas que tienen trabajo para mantener su puesto.

 

Fuente: diariodecadiz.es  Autor: Pilar Hernández Mateo

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