La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"Sigmund Freud, creador del psicoanálisis


Hace ya tiempo que he descubierto el poder de los mantras. Los utilizo para controlar mi mente cuando quiero que no divague y no me juegue malas pasadas.
Un mantra es una repetición continua de alguna frase corta. Por ejemplo, “me siento en paz”, “todo está bien”, “lo que ocurra será lo mejor”... y cosas por el estilo. Los improviso a la carta, según lo que necesite oír en ese momento.
Desconozco si la técnica es muy ortodoxa, pero a mí me da buen resultado.
Decía Santa Teresa que la mente era la loca de la casa y, ciertamente, creo que todos hemos experimentado alguna vez lo negativos que nos ponemos sólo con imaginar algo que no nos gusta o que creemos –la mente lo elabora así- que va a ocurrir. Tal vez no ocurra pero, por si acaso, preparamos el arsenal con antelación y vivimos el momento por adelantado llenos de tensión y angustia.
Pues bien, cuando veo que la imaginación hace de las suyas la intento controlar de esa forma y, la verdad, no me puedo quejar. Puestos a machacar, prefiero hacerlo sobre algo positivo, que sobre divagaciones normalmente negativas y sin fundamento. Si no puedo evitar un calentamiento de cabeza, que sea al menos constructivo.
Ya lo dice el refrán (adaptado)........ algo queda.
M. Elena Valbuena
Revista avivir (Nº 245)
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