La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"Sigmund Freud, creador del psicoanálisis


La escribana del Reino:
- Vi un mar -
Una tarde cálida de verano contemplé un mar. Era un mar calmado y tranquilo, con leves ondulaciones provocadas por una ligera brisa. Un mar que transmitía serenidad, esperanza, calma, plenitud. Así me sentía yo, formando parte de un todo, mientras él se dejaba admirar.
Aquella tarde estaba rodeada de personas. Unas, queridas y que me quieren. Otras, desconocidas en aquel momento. Pero todas compartimos, en silencio, la contemplación del mar. Todas nos dejamos invadir por la sensación de paz que emanaba de las tranquilas aguas. Y, ya se sabe, las cosas compartidas se viven mejor y con mayor intensidad.
De aquel momento contemplativo me queda la fotografía mental –imposible de olvidar- alguna otra inmortalizada por las cámaras -que me sitúa de nuevo allí para que la imaginación no confunda a la realidad- y la agradable sensación de haber vivido y compartido un sentimiento de plenitud y felicidad.
Así que, cuando las cosas no van como a mí me gustaría que fuesen, cierro los ojos y vuelvo a aquel mar y a aquel momento y, de inmediato, me envuelven la paz y la serenidad de entonces. Las cosas pasan, pero los sentimientos que ellas nos provocan permanecen en nosotros para bien o para mal.
Y yo aquella tarde toqué la felicidad. Y muchos la tocaron conmigo.
M.E.Valbuena
Revista avivir (Nº 245)
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