La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"Sigmund Freud, creador del psicoanálisis


Revista Hablemos Claro
Reportaje Por STELLA VAN DEN HEUVEL
Una línea atendida por voluntarios especializados como escuchas con la capacidad de provocar una activación en las personas que llaman para obtener ayuda en una crisis emocional.
• En Honduras hasta el momento existen dos oficinas del Teléfono de la Esperanza, el más antiguo en San Pedro Sula, el cual fue inaugurado en 2004. En Tegucigalpa funciona desde 2005.
• “Honduras tiene serios problemas relacionales y por lo tanto psicológicos, y nosotros estamos haciendo algo para combatir esta realidad”.
De acuerdo a lo escrito por nuestra compañera Luisa Agüero desde San Pedro Sula en una edición de agosto pasado de HABLEMOS CLARO, que más de 65,000 hondureños podrían estar afectadas por la esquizofrenia, eso sin contar con todas las enfermedades mentales, agravadas por los problemas cotidianos que se multiplican, como por ejemplo la falta de empleo, la inseguridad, la violencia, los hogares disfuncionales y tantas otras situaciones que nos producen desequilibrios; existe una opción que no muchas personas conocen, pero que su misión es preventiva, y de ayuda en momentos de crisis, en los que las personas a veces toman malas decisiones, por falta de un buen consejo o acompañamiento a tiempo.
Nos referimos al Teléfono de la Esperanza, una ONG de servicio social y de cooperación para el desarrollo, y que continúa de pie en Honduras. Nació en España en 1971, creada por Serafín Madrid, y tal fue su éxito en la consecución de sus objetivos que en 1972 fue declarada como una organización de utilidad pública. Muy pronto hizo parte de IFOTES (Federación Internacional de Emergencias Telefónicas) con sede en Ginebra, de IASP (Federación Internacional de Prevención de Suicidios), y naturalmente de la OMS (Organización Mundial de la Salud).
Esta ONG ofrece un servicio especializado y permanente de ayuda telefónica o presencial -si así es requerido- para atender a las personas que estén atravesando por alguna crisis emocional, de forma totalmente gratuita y anónima.
En España, está presente en 24 ciudades, y se extendió a otras urbes europeas como Oporto, Portugal, Zúrich, Suiza y Londres, Inglaterra y está en vías de instalarse una oficina en Ámsterdam, Holanda. En América Latina, está presente en Honduras, Ecuador, Colombia, Argentina, Bolivia, Chile y se están organizando las sedes de Lima, Perú, León, Nicaragua, Santo Domingo, República Dominicana y Miami, en los Estados Unidos. En todos estos lugares, el servicio está disponible las 24 horas del día, todos los días de domingo a domingo, durante todos los meses del año.
El teléfono es atendido por voluntarios especializados como escuchas con la capacidad de provocar una activación de las capacidades de las personas que llaman para superar sus propios problemas, de manera de resolverlo de inmediato, y una vez estabilizados y neutralizados, poder ayudarlos mediante los diferentes programas que mantiene la organización.
En Honduras hasta el momento existen dos oficinas del Teléfono de la Esperanza, el más antiguo en San Pedro Sula, el cual fue inaugurado en 2004.
Una pieza clave dentro de esta oficina es Judith García, quien con su extraordinario carisma, desde hace cuatro años se encarga de coordinar la formación de una red de voluntarios que trabaja en San Pedro Sula, y Tegucigalpa, además de apoyar a Nicaragua, donde se trabaja en la instalación de este servicio. Judith nos cuenta que gracias a las diligencias de monseñor Ángel Garachana, del obispado de San Pedro Sula, se logró montar esta benemérita institución, ya que “el obispo estaba muy interesado en trabajar por la salud emocional de la localidad”. Este proyecto –con una visión muy europea- inaugura su servicio de intervención en crisis vía teléfono, intervención en crisis en terapia de grupo y cursos dirigidos por psicólogos experimentados. En Tegucigalpa se presta este servicio desde 2005.
VOLUNTARIADO
Debido a que es una organización sin fines de lucro, y que su presupuesto es limitado, es que funciona básicamente mediante el voluntariado. De hecho solamente un 3% de su personal son empleados quienes manejan la parte administrativa y técnica mientras que el 97% restante donan de forma altruista su tiempo en beneficio de los que los necesitan.
Por lo anterior, es que no se ha podido hacer una campaña publicitaria grande que le permita a toda la población conocer de su existencia, básicamente ha sido una labor que han hecho quienes han recibido los beneficios de la organización y la recomiendan a sus amigos y familiares
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“Tanto en San Pedro Sula como en Tegucigalpa se maneja un programa on-line porque entendemos que la mejor manera de atender la crisis es prevenirla, entonces todas las llamadas que recibimos, desde el anonimato introducimos los datos de esa llamada, y al finalizar el año podemos contar con estadísticas, por ejemplo en San Pedro Sula en los últimos siete años, se ha atendido un promedio de 10,000-12,000 personas por teléfono y la intensidad de los problemas de estas personas son grandes, y podemos decir que un 47% son problemas relacionales. En Tegucigalpa pasa lo mismo, es decir, hay problemas relacionales y la relación más conflictiva es de parejas disfuncionales, problemas generacionales, violencia doméstica, infidelidades, incomunicación, soledad dentro del mundo familiar. Si este tipo de problema no se resuelve, se desatan otros que son los problemas psicológicos, en un 38% son depresión y soledad, y producen vacíos existenciales, ideas de suicidio, deseos de no seguir viviendo; entonces hay dos grandes tópicos ya focalizados, tanto en Tegucigalpa como en San Pedro Sula. Recibimos llamadas de los alrededores de ambas ciudades, entonces podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que lo que detectamos a nivel nacional, es que Honduras tiene serios problemas relacionales y por lo tanto psicológicos, y nosotros estamos haciendo algo para combatir esta realidad”.
El Teléfono de la Esperanza, realmente está enfocado en ayudar a la salud mental de la población hondureña. Constantemente están dictando valiosos cursos, pero su frecuencia depende en gran medida de la cantidad de voluntarios con que se cuente en cada centro. Por ejemplo, San Pedro Sula tiene un promedio de sesenta voluntarios, de los cuales doce son profesionales de la psicología y orientación educativa y 48 son orientadores entre coordinadores y orientadores de cabina.
En la capital apenas existen unos treinta voluntarios, y esto tiene mucho que ver con que la gente aún no lo conoce, lo que no ha permitido expandir los programas. Sin embargo, en su afán de generar una forma de constituir una plataforma de intervención en crisis, otra de prevención y una de corrección de los problemas, ya se cuenta con una red de apoyo muy amplia a nivel de cursos, esto ha hecho que se dividan en tres áreas: los cursos dirigidos a la formación del voluntariado, que inicia con “El conocimiento de sí mismo” y “Crecimiento personal” que son cursos psicológicos intensivos de 40 horas cada uno. Con estos se logran dos objetivos, la formación de cuadros de voluntariado, también por supuesto, lo pueden recibir las personas que simplemente quieren mejorar su calidad de vida, que quieren conocerse más y mejorar su salud emocional.
Estos dos cursos finalizan con un seminario, que se llama “Seminario de relación de ayuda”, al que solo ingresan las personas que quieren ser voluntarios del Teléfono de la Esperanza. Pero también se imparten algunos programas en promoción de la salud emocional: “Cursos para papás”, para saber cómo mejorar las relaciones familiares, cursos para mejorar nuestra forma de pensamiento, “Piensa bien”; “Autonomía afectiva”. Asimismo, se ofrecen varios talleres, como el de “Autoestima”, “Inteligencia emocional”, “Aprender a vivir”, “Comunicación no violenta”, “Mujeres maltratadas”, es decir, toda una gama de temas para permitirnos amortiguar todos los grandes problemas con los que convivimos a diario, de modo que la ayuda que podemos obtener del Teléfono de la Esperanza es en realidad muy vasta.
No hay duda que este es un programa donde no se puede encontrar algo negativo, todas las personas comprometidas con esta organización tienen la fuerte convicción de que el mundo puede cambiar, que puede ser diferente.
Honduras puede ser otro país, si tenemos más programas como esta línea telefónica que renueva la fe y la esperanza de las personas que sienten que lo han perdido todo. Por supuesto que algunas veces hay frustración, porque no se cuenta con los medios económicos para expandirse a otras ciudades, no se tiene apoyo gubernamental, y se ha restado importancia al tema de salud emocional y mental que son dos temas totalmente distintos, pareciera que a nivel de nuestras autoridades no existe la conciencia de que la salud no solo es lo físico, que también comprende el estado emocional de una persona, de una sociedad y de un país.
Por lo pronto se están dando pasos hacia Choluteca, donde ya está viniendo gente, la idea es el otro año comenzar con algún taller, igual está sucediendo en La Ceiba, se está esperando que en este mes de septiembre un grupo de doce personas comiencen a consolidar lo que servirá como la base de una oficina en aquella ciudad. En resumen dentro de la limitación y la frustración, hay esperanza. A pesar que ellos son un proyecto joven, de apenas diez años de existencia, comparado a Colombia, Bolivia, Venezuela y Argentina, donde sus centros ya tienen veinte años de existencia. El orgullo es saber que la oficina de Honduras ha sido una de las que se ha formado en menor tiempo y esto ha sido posible gracias a una característica muy bonita, y es que los hondureños somos muy solidarios y eso ha permitido el crecimiento del programa.
Para hacerse voluntario no importa si es hombre o mujer, pero ha de tener más de 21 años, no importa su profesión, lo que se requiere es que tenga verdadero interés. El primer paso es acercarse a los centros, en el caso de San Pedro Sula, pueden llamar al 2557-8011 y en Tegucigalpa 2232-1314, 2232-2707, cuando le contesten, pregunte por el coordinador de formación de voluntariado y le explica a esta persona que usted está interesado en iniciar un proceso de formación, luego va a recibir toda la motivación que se imagine, se le extenderán invitaciones y se le irá guiando. El segundo paso será el de iniciar el curso de conocimiento de sí mismo, que de hecho es el primero que se toma dentro de la formación de voluntariado.
En realidad no es complicado ser voluntario, lo que se necesita es tiempo para formarse, para corregir los vacíos que tenga en su propia vida, tiempo para esclarecer cuáles son sus motivaciones para ser voluntario y lo más importante: verdaderas ganas echarle la mano a otros que están sufriendo a su alrededor.
LÍNEA DE AYUDA
Quienes tienen algún conflicto emocional o problema psicológico puede obtener ayuda llamando a los teléfonos:
• 2557-8011 de San Pedro Sula
• 2232-1314 y 2232-2707 de Tegucigalpa
• www.telefonodelaesperanza.org/tegucigalpa
• Facebook: teléfono de la Esperanza de Tegucigalpa
TESTIMONIO
“Todo el trabajo que he hecho en el Teléfono de la Esperanza está impregnado de amor –nos confiesa Judith-, antes de ser coordinadora de la formación del voluntariado, aún antes de ser voluntaria, yo fui una de las que recibí ayuda de la institución; yo comencé recibiendo todos los procesos, como todas las demás personas que en este momento están recibiendo un curso. Sin embargo, si hay algo que me impacta dentro del Teléfono de la Esperanza es ver cómo personas que vienen a los procesos, o llaman por teléfono, las ves luego totalmente transformadas. Recuerdo un caso, alguien que llama para manifestar que en ese momento está dispuesta a quitarse la vida y que ha decidido dejarlo todo, pero en ese momento escucha en la radio que hay un lugar donde puede llamar y será atendido, llamó y fue intervenida. Invitamos a esa persona para que antes de que tomara una decisión tan drástica, que se diera la oportunidad de hacer algo diferente por ella misma. Afortunadamente atendió la invitación, y hoy es parte de los voluntarios del Teléfono de la Esperanza”.
Revista avivir (Nº 245)
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