La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"Sigmund Freud, creador del psicoanálisis


De todos es conocida la inutilidad de un clavo sin una tabla que unir, sin martillo que lo golpee o sin una mano que dirija la operación. Si, además, el clavo está ardiendo, a la inutilidad hay que sumar el sufrimiento de la quemadura.
Sin embargo, por causas varias, a veces nos agarramos a un clavo ardiendo y, por más que nos digan, sepamos, experimentemos y reconozcamos, seguimos aferrados a él como si nos fuera la vida en ello. Y, ciertamente, la vida se nos va, pero somos incapaces de soltar aquello que nos hiere.
Tengo una amiga aferrada desde hace un tiempo a un clavo de estas características. Tanto la quema que hasta físicamente desprende calor cuando te acercas a ella. No es feliz. Todos los que la queremos lo vemos y ella también lo sabe, pero ahí sigue.
Me pregunto qué profunda e inconsciente carencia puede querer taparse a costa de quemaduras, qué grado de autoestima aguanta esa situación, qué compensación aportan unos minutos frente a la soledad del resto de las horas.
Me pregunto mucho y me respondo muy poco, porque sin duda las respuestas sólo están en quien vive en primera persona los acontecimientos.
Algo me queda claro: cuando nos agarramos a un clavo ardiendo ni siquiera somos capaces de ver y sentir su quemadura.
La escribana del Reino
M.E.Valbuena
Revista avivir (Nº 245)
Buscar noticias
Últimas noticias
Noticias sobre el Teléfono
Inscríbete y haz fotos.
Una jornada de sensibilización .

