La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"Sigmund Freud, creador del psicoanálisis


"Escucha tu cuerpo. Verbaliza. Comparte. No reprimas"
Me han animado a que os cuente mi experiencia en el blog y lo hago contento.
Lo primero que deseo trasmitiros es que el cuerpo – mi cuerpo, cada cuerpo -expresa lo que las palabras no pueden decir, y hay que escucharle. A menudo se revela contra esta negación, mediante graves enfermedades.
El 10 de enero de 2010 domingo, fui a urgencias al hospital. Me tuvieron que operar urgentemente de "peritonitis" y quitarme un trozo de intestino. La operación salió bien, pero enseguida aparecieron las complicaciones: paralización de intestino, nada de comer, retención de líquidos, tensión... Se dispararon las alarmas. Yo no era para nada consciente de la gravedad de la situación. Pasados un par de meses una de las enfermeras de planta me informó de lo preocupados que estuvieron de mí y que estuve en una situación de claro riesgo. Mi vida había corrido un serio peligro. Los médicos estaban temerosos: no sabían qué hacer conmigo. Fue el séptimo día por la noche cuando mi sabio cuerpo reaccionó y pude salir adelante y aquí estoy compartiendo mi experiencia con todos vosotros/as.
Tengo el convencimiento que todo esto tiene mucho que ver con mi comportamiento. He sido una persona muy retraída y reprimida: me lo quedo todo para mí, me cuesta expresar y sacar las cosas hacia afuera. Al no hablar y no compartir las experiencias que me han ocurrido, al soportar largas situaciones de tensión y estrés, al guardarme tantas y tantas cosas desagradables que me ha tocado vivir, pues ocurrió lo que tenía que ocurrir...
Gracias a la ayuda del TELEFONO DE LA ESPERANZA – “verdadera cuna de autoestima, laboratorio y hospital de salud emocional”, como le gusta decir a Valentín -, gracias a mi esfuerzo y a mi crecimiento como persona, he aprendido a ver la vida de otra manera, a vivir, a valorar, a disfrutar, a observar y a percibir las pequeñas cosas y detalles que la vida nos ofrece en cada momento: los paseos por el monte de mi pueblo, disfrutar ante un gran manantial viendo cómo brota el agua, a escuchar...., sobre todo al silencio. ¡Qué sabio es el silencio!
Sobre todo he aprendido a sentirme a gusto conmigo mismo.
No quiero terminar esta confesión sin deciros a todos: ¡GRACIAS POR TODO COMPAÑEROS Y COMPAÑERAS DEL TELEFONO DE LA ESPERANZA!
M.M.
Revista avivir (Nº 245)
Buscar noticias
Últimas noticias
Noticias sobre el Teléfono
Inscríbete y haz fotos.
Una jornada de sensibilización .

