La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"Sigmund Freud, creador del psicoanálisis


Cuando llegué a casa, dejé la carpeta en el salón. En la mesita de noche me esperaba mi diario personal. Necesitaba recoger algunos sentimientos y los ecos que me había dejado el curso de “piensa bien para sentirme mejor”. ¡Qué suerte poder participar semana tras semana en este proceso de crecimiento y maduración personal!. Ir desvelando poco a poco las heridas, para que se vayan curando. Esto no sólo me ha pasado a mi, también a Ángel, Consuelo, Susana, Camino, Charo, Marieta, Tere, Aurora, Angeles, Flori, Carmen, las dos Marías José. Todos estos nombres permanecen guardados en mi corazón, como formando parte de uno.
Es una suerte, y no pequeña, ser testigo de una nueva primavera personal, después del frío invierno, después de las frías lágrimas, después de las decepciones, separaciones, muertes, desengaños. Asistir a un despertar personal y grupal, un despertar que no es de una vez, que se va haciendo en cada luna y en cada paso.
En mi resuenan vuestras voces como acordes armónicos de una cítara agradable: “qué importante es escuchar y sentirse escuchados, te ayuda a quitar hierro a tus errores, a integrar tus miserias”, “para recoger fruto hay que currar, currar por ti, para estar más sana y vivir más feliz”; “¡cuánta irracionalidad hay en nuestra infelicidad”; “me ha sido fácil abrir el corazón sabiendo que ninguno me vais a juzgar”; “tengo muchas creencias insanas que no me dejan vivir y disfrutar”; “ahora tengo herramientas para mejorar mi calidad de vida”; “yo soy la responsable de mi vida, de mi bienestar y de mi malestar, por eso de mi depende que mis días sean grises o tengan luz..”; “la armonía y sensibilidad que he visto aquí es para mi algo nuevo, desconocido, creía que no existía..”; “he aprendido a creer en mi misma, en mis posibilidades, a aceptar mi historia llena de algunas crueldades”; “he desvelado mi resentimiento que lo tenía escondido y esto me ha hecho sentirme más liberada”.
Mientras cerraba los ojos ese día y le pedía al sueño su tranquilidad y su sosiego a mi cabeza llegaban los milagros de cada reunión, esos aldabonazos de esperanza que nos invitaban a seguir adelante, las confesiones inesperadas que nos dejan al descubierto, pero nos dan más libertad y autenticidad, y los espacios tan necesarios de respeto, tolerancia y ternura, en el laboratorio de salud emocional que es el Teléfono de la Esperanza.
Revista avivir (Nº 245)
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