Noticia publicada en el Diario
ABC el 7 de enero 2011. Pulsa
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Abuelos "quemados"
La familia en España, como en el resto del mundo mediterráneo, es el pilar social fundamental. Pero su capacidad de asumir cargas no es infinito, y el lastre de responsabilidades sobre esta institución está produciendo las primeras fisuras en uno de sus elementos básicos como son los abuelos, que especialmente en fechas como las navideñas acaban siendo los cuidadores de los niños en plenas vacaciones escolares.

Tras una vida entera de trabajo y dedicación para sacar adelante a la familia, cuando llega la tan merecida jubilación muchos de las abuelas y abuelos siguen asumiendo responsabilidades que ya no les corresponden al hacerse cargo del cuidado, y en muchos casos, de la educación de sus nietos ante la imposibilidad de los progenitores, agobiados por las obligaciones económicas a jornadas laborales incompatibles con la familia.
Un estudio premiado por la Fundación Caja Madrid, junto a la experiencia del Teléfono de la Esperanza de Valladolid, ha detectado un fenómeno creciente denominado los abuelos «quemados». Limitados en sus habilidades físicas y con una entrega emocional muy superior a sus capacidades —en la mayoría de los casos son mujeres que deben cuidar a su vez a sus esposos y así mismas—, muchos ancianos se hacen cargo de sus nietos mucho más allá de sus capacidades reales, produciéndoles estrés y ansiedad, por lo que cada vez personas de la tercera edad acaban «quemados». Asumen una responsabilidad, junto a un significativo ahorro económico, que se quitan de encima los padres de las criaturas.
Sin embargo, frente a otros colectivos, los abuelos sufren en su intimidad esta sobrecarga y la inmensa mayoría, aún siendo conscientes del sobreprecio de su labor, prefieren asumir esta tarea por motivos de querencia familiar y un agudo sentido de la responsabilidad. Según el estudio «Doble dependencia: abuelos que cuida nietos en España», a los abuelos españoles lo que más les importa es su familia (67%) por encima incluso de su propia salud (16%) o de su seguridad económica (10%). Esta predisposición se materializa en una media de siete horas diarias dedicadas a los nietos, frente a las cinco horas de la media europea.
A pesar de que muchos abuelos reconocen el sobreesfuerzo que les supone esta tarea, según las encuestas, el sentimiento que produce en los abuelos cuidar de sus nietos es positivo en más de un 90%. Igualmente, la inmensa mayoría de los niños de entre 6 y 17 años definen como «muy satisfactoria» en lo afectivo la relación que mantienen con sus abuelos.
La competencia laboral de sus hijos y los horarios desmesurados han dejado en manos de los abuelos no sólo el cuidado de los hijos sino también la educación sentimental de éstos, una doble carga para los ancianos, con lo que vuelven a ejercer de tutores, apartando sine díe sus propias y legítimas aspiraciones.
Precisamente este fenómeno está saliendo a la luz más allá del ámbito íntimo de las familias. Instituciones como el Teléfono de la Esperanza de Valladolid han detectado un significativo incremento de personas que llaman para contar sus dudas, cuando no directamente su agobio, en torno al cuidado de los nietos. El presidente de esta entidad en Valladolid, Eloy González, indica que de las más de 4.500 llamadas recibidas en el pasado año, un 23 por ciento corresponde a personas con más de 58 años de edad. De estas, un 14 por ciento son abuelos, y a su vez de este porcentaje entre un 2 y un 3 por ciento tiene los síntomas del denominado abuelo «quemado» o «esclavo». Estos datos no suponen un incremento, «pues se trata de los primeros que detectamos», indica González, aunque comienzan a ser sintomáticos. «Nos encontramos con que personas que por razón de edad y salud son ya dependientes cuando se les deja a su cargo el cuidado de los nietos asumen una nueva dependencia.
Es decir, «son personas con una doble dependencia», subraya el presidente del Teléfono de la Esperanza de Valladolid. Sin embargo, prácticamente ninguna reniegan de la labor, pues de algún modo se siente responsable «al ver el agobio que sufren sus hijos con la sobrecarga de sus empleos». Es más, precisa Tomás González, «algunos se sienten culpables simplemente por cuestionarse la asunción de la responsabilidad». Ante esta situación, el Teléfono de la Esperanza a lo máximo que puede llegar es a «escucharles», pues al ser un fenómeno reciente en cuanto a su actividad, tampoco cuentan con herramientas que ofrecer para al menos minimizar las consecuencias de este emergente fenómeno.