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Cuando existe la esperanza, todos los problemas son relativos

La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"

Sigmund Freud, creador del psicoanálisis

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Entrevista jugosa con Fernando Fernando, monje carmelita en el desierto de las Batuecas (Salamanca)

Foto de Entrevista jugosa con Fernando Fernando, monje carmelita en el desierto de las Batuecas (Salamanca)

 

 

ME GUSTARIA SER UN PAYASO Y REPARTIR ALEGRIA POR TODA LA TIERRA.

 

1º.- Algunos datos autobiográficos.

 

Me llamo Fernando. Nací hace 61 años en Calzada del Coto (León), en EL seno de una familia humilde de campesinos. Viví una infancia muy feliz y me encantaba jugar a la pelota. Acabé en Madrid trabajando 20 años en un Banco importante, en el corazón de la plaza de Castilla.

 

2º.- ¿Por qué abandonaste el Banco?

 

Muchos fines de semana los dedicaba a conocer los distintos monasterios que existían en España o las casas de oración, porque mi trabajo no me llenaba. Hacía mucho deporte, pero me di cuenta que en el Banco yo estaba de paso.

 

3º.- ¿Qué ibas buscando que no encontrabas en la gran ciudad?

 

El dinero, las cuentas corrientes, las operaciones bancarias, no me satisfacían. Buscaba algo más hondo, como más profundo. Creo que buscaba la verdad. Buscaba a Dios. En aquel tiempo disfrutaba ir por cines, los teatros, las estaciones, en definitiva, por los sitios en los que se reunía la gente. Iba buscando sus caras y sus reacciones. Quería comprobar dónde la gente era más feliz. Pero los lugares de espectáculos, las discotecas, los bares, no eran mi lugar.

Con el tiempo he descubierto que lo que yo buscaba no estaba en ningún lugar o ,mejor aún, que en cualquier lugar se puede encontrar.

 

4º.- Decidiste retirarte para siempre a un lugar alejado de cualquier núcleo o pueblo e irte a vivir a la soledad de los valles y montañas de las Batuecas, en Salamanca, al monasterio de los carmelitas. ¿Qué encontraste allí?.

 

Allí encontré en pequeño todo lo que hay en la sociedad, de  grande y de mísero. Percibí que ene l Monasterio se vivía en los alrededores de Dios.

 

5º.- ¿A qué hora te levantas cada día y a qué hora te acuestas?.

 

A las cinco de la mañana me desperezo y me levanto a cantar el cántico de las creaturas de Francisco de Asís. Comienzo el día llamando hermanos al sol, a la luna, a las estrellas, a la tierra, al fuego, a todo cuanto existe, sin rechazar nada. Me acuesto sobre las 11 de la noche, dando gracias por todo lo vivido. Enseguida me duermo.

 

6º.- ¿Qué se escucha en tantas horas de silencio?

 

Allí la soledad no está callada, es sonara, está viva. En el silencio se escuchan todos los murmullos, con los trinos de los pájaros. Te parece que estás oyendo los ecos de la eternidad.

 

7º.- ¿A qué se parecen esos ecos?

 

Es lo más maravillosos que el ser humano se pueda imaginar. Siento la eternidad como la oportunidad que el ser humano tiene de hacer todo lo hermoso y lo bello que aquí no puede hacer.

 

8º.- Según lo que acabas de decir, ¿quién va al cielo?

 

Dios no excluye a nadie, aunque sí tiene preferencias y éstas son claras, nítidas. Sus preferidos son los pobres, los excluidos.

 

9º.- Llevas miles de horas de oración, de meditación. ¿qué es orar?.

 

Es una simple mirada dirigida al cielo. Es sentirse como un niño de teta en brazos de su madre. Es tratar de amores con quien sabemos que nos ama ( Teresa de Jesús).

 

10º.- ¿?Hay crisis de fe en el monasterio, en un monje?.

 

Sí. Como lo hay en todos los sitios. Hay un momento en que te das cuenta de que la vida no es cuestión de riñones o de echarle puños. A base de puños no llegamos muy lejos. Es más bien algo que recibes sin darte cuenta, sin merecerlo.

 Pero, un monje también tiene crisis, también duda y se le nubla la vista.

 

11º.- ¿Qué es lo más importante?

 

No es lo que uno dice, sino lo que haces. Son los gestos de bondad, de servicio, de amor. No hay nada más alto y más sublime que el amor. Ni la oración.

 

12º.- Desde tu soledad, ¿a qué te sientes llamado?

 

A amar y servir. A nada más y si fuera posible que ni Dios mismo se enterara que amas.

 

13º.- ¿ Quiénes son tus referencias?

 

Jesús de Nazaret. Francisco de Asís. Teresa de Calcuta. Y por el orden que he dicho.

 

15º.- Tu mantra preferido.

 

Tengo dos. Uno: “Virgen de la alegría, dame alegría”. Me encanta cualquier mantra que contiene la palabra alegría.

Y el otro, lo he tomado del libro “El Peregrino ruso”. “Dios mío, ten misericordia de mi”.

 

16º.- ¿Qué te dice la muerte?. ¿Cómo la afrontas?.

 

Si me dijeran que me llegó la hora y que tengo que despedirme ya, no me importaría. No tengo miedo. Esto o lo otro, que más da, todo es una continuidad. Me encantaría afrontar la muerte como lo hizo Francisco de Asís, cantándola, llamándola hermana, bienvenida. Eso, me gustaría morir cantando, con una carcajada, en un acto de amor.

 

17º.- ¿Cómo se vive la afectividad en un monasterio con poca gente y la poca gente, mayor?.

 

En todos los lugares se puede ser afectivo y cariñoso. En todos los sitios se puede mirar a los ojos, aunque no se hable y se esté en silencio total. ¡Qué nunca nos falte un detalle, un gesto de aprecio, una ternura...!

 

18º.- ¿Qué te falta?.

 

Que mi alegría sea continua, completa, total. Que mi amor-servicio no sea tacaño o a ratos, sino definitivo.

 

19º.- Cuanto estás triste, ansioso o deprimido, ¿a qué te agarras?.

 

Es cuando más me gusta cantar. Me imagino que cojo la guitarra y a cantar como un loco, como un descosido, a llenar mi banco interior – no de dinero, que no me interesa- sino de alegría, de gozo, de paz... A cantar, a cantar..

El dolor y las penas se sanan cantando.

 

20º.- Tu mayor alegría.

 

Ver felices a los demás. Tuve un amigo que era muy pequeño. Se llamaba Ricardito. Vivía muy desdichado y se quería suicidar. Yo le dije que aguantara, que el mal pasa, que la depresión pasa, que el dolor pasa, y que es posible aceptarse como uno es . A él también le llegaron tiempos mejores y yo me alegré.

 

21º.- ¿Qué te enfada?.

 

No soporto la injusticia. Aunque ya no la vivo con rabia.

 

22º.- Pide algo para ti.

 

Perdón.

 

23º.- Tu epitafio.

 

Aquí vivió un ser humano que quería ser alegre y feliz

 

24º.- ¿Y si Dios no existiera?. ¿Y si con la muerte se acabara ..?

 

No pasaría nada. Yo he hecho lo que he querido y he sido feliz. Eso no me lo puede quitar nadie. Quiero vivir sin esperar recompensas. Siempre me ha gustado dar sin pedir nada, sin exigir nada, sin implorar nada, por el mero hecho de dar.

 

25º.- Algo que te gusta hacer.

 

Una vez al año vengo unos días a León, mi tierra. Me gusta ir a saludar a un vagabundo que conozco desde hace años. El sigue ahí en las calles tirado. Es curioso, me sigue recordando. No me pide nada, tan sólo me saluda y me dice: gracias. Así quiero ser yo. Así quiero vivir. Como un pobre vagabundo agradecido.

 

26º.- Un momento para no olvidar.

 

Mi padre llevaba unos días en coma. Nos dejaban entrar a la UCI un par de ratos al día. Un día, estábamos mi hermana y yo, cada uno a un lado de la cama. El lentamente se incorporó y dijo: “Hermanos, estoy en tránsito. Me voy a morir, pero no os dejo solos. Me voy a reunir con el abuelo Esteban, el tuerto, que me enseñó a rezar, con mis padres y con el hermano de mi madre...”. Y así se fue quedando, entre riendo y llorando. Mi hermana le abrazaba por un lado y yo por el otro, hasta que se enfrió. Tuvo una muerte mística. Jamás lo olvidaré.

 

27º.- Un detalle curioso

 

Me gusta abrazarme a los árboles. Siendo un crío me acercaba a la encina de Villarrubia, la que está junto a la fuente, y me abrazaba a ella. Es una sensación muy bonita.

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