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El padre Cacho recuerda sus días en Málaga, donde colaboró con el Teléfono

Foto de El padre Cacho recuerda sus días en Málaga, donde colaboró con el Teléfono

Cuando el padre Cacho, de 60 años, regresó hace unos días al bar de Luis de la calle Altozano, de inmediato revivió sus tiempos de «párroco sin parroquia» en los años 70 en Los Negros y la Cruz Verde. Muchos vecinos le conocieron y con ellos se tomó un refresco.


En ese mismo bar, y con permiso de el obispo de entonces, Ramón Buxarráis, celebraba misa cuando el barrio todavía no contaba con una iglesia. «Y cuando el bar estaba cerrado, en la calle», recordaba ayer con una sonrisa en la residencia de los Pasionistas, junto a la parroquia de Santa María Goretti en Los Corazones.
 

Desde 1974 (con sólo 24 años) y hasta 1989, este soriano de Ágreda, de padre pastor, estuvo trabajando de sacerdote en Málaga, y a un ritmo difícil de igualar: «Simultaneaba el ser párroco con el trabajo en el Teléfono de la Esperanza y también atendía los colegios de Maristas, las Esclavas, Gamarra, el Monte, la Presentación...».
 

Escogió el camino más difícil, una zona de Málaga que entonces ya sufría el problema de la droga pero que también tenía chabolas, muchas carencias y prostitución.
«Allí descubrí que Dios no sólo está en la Catedral sino sobre todo en los que sufren, descubrí la presencia de un Dios vivo y sufriente en la gente humilde», confiesa.


Su labor le trajo muchas alegrías como la inauguración, a mediados de los 80, de la iglesia del Buen Pastor en ese barrio sin parroquia. Un sueño financiado por los alumnos y padres de los colegios en los que colaboraba. «Fue algo muy bonito, como hecho por toda Málaga».
 

Otra alegría que le depararon esos años fue poner el germen de la Cofradía de la Crucifixión, que nació de la forma más humilde: «Todo empezó con un grupo de gitanos y payos, recuerdo que comenzamos con un Cristo de 30 ó 40 centímetros en una caja de pescado y una Virgen de Fátima pintada de negro y de tambores, los famosos de Colón, partidos en dos». En una ocasión, con la cofradía integrada ya en la Semana Santa de Málaga, cuenta que le tocó dar el toque de campana «y casi se me cae el martillo de la emoción».
 

Ahora, está en Málaga de vacaciones, pues ha cambiado el trabajo de párroco por el de misionero en México, país en el que trabaja desde hace 16 años, primero en la capital y ahora en Toluca. «Soy responsable de un seminario que levantamos en Cacalomacán y apenas ayer, después de seis años, nos pusieron la luz eléctrica, ayer brindamos con ginebra Larios porque no había tequila», bromea.
 

El padre Cacho, ya con un deje mexicano en su castellano de Soria, señala que ese trabajo en la Cruz Verde durante tantos años le preparó para la labor en México. En el país azteca mantiene dos veces por semana un comedor social para 200 personas, tiene trabajo diario con los «chavos de la calle» y dos dispensarios. En el bar del hotel Málaga Larios pueden verse rostros y paisajes mexicanos fotografiados por este pasionista que vive el Evangelio al pie de la calle. Los fondos que se recauden con las fotos servirán para que su labor social, que inició en nuestras calles, prosiga en México.

 

Fuente: www.laopiniondemalaga.es

Imagen: Arciniega

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