La ciencia moderna aún no ha producido un medicamento tranquilizador tan eficaz como unas palabras bondadosas"Sigmund Freud, creador del psicoanálisis


Una palabra alentadora al otro lado de la línea telefónica frena in extremis un intento desesperado de suicidio... Son las mínimas, es la anécdota. Pedro Berástegui, vicepresidente del Teléfono de la Esperanza, apenas ha recibido una llamada de este tipo en cinco años. Miércoles, 8 de enero. 16.30 horas. Suena el 948 24 30 40 en el número 13 de la calle San Blas en la Rotxapea. Le atiende la voluntaria (anónima) que está en el turno de 14.00 a 18.00 horas. La llamada es de una mujer de 40 años, vive fuera de la Comunidad Foral y está sufriendo una crisis de ansiedad. Sufre un problema psiquiátrico de largo tratamiento, está medicada pero no tiene cita programada con su médico hasta el día 12. Necesita hablar de lo mal que lo está pasando, de cómo se siente, de su soledad, aunque no hay un acontecimiento objetivo que haya precipitado su angustia. Tampoco la Navidad, al menos así lo admite... Duración de la llamada: 20 minutos.
Vivimos tiempos convulsos pero la incertidumbre económica no nos remueve tanto por dentro como podría creerse. Ni el paro, la crisis, en definitiva el dinero, las cosas materiales... ni las fechas. "El desamor y soledad en cambio duelen mucho", reconoce Pedro Berástegui. "La crisis a veces complica la vida, pero lo que está a la orden del día son las separaciones, los desengaños amorosos... problemas relacionales, familiares. Hay muchos corazones partidos", coinciden los voluntarios del Teléfono de la Esperanza, un ejército de gente muy formada y orientada por todo un equipo de profesionales. Descolgar el teléfono no es un mero desahogo de gente desocupada, con él se activa toda una compleja maquinaria de ayuda en el centro de operaciones de la Rotxapea.
365 días
Alrededor de diez llamadas diarias, 3.600 al año son atendidas por un total de 70 voluntarios (tan sólo hay dos personas contratadas en esta entidad sin ánimo de lucro), cada uno de ellos con un turno asignado. "Cubrimos las 24 horas del día los 365 días del año pero tenemos huecos, no sobra nadie, hay días de San Fermín o Nochebuena que no es fácil llenar...", indica. Algunas llamadas son como un árbol con muchas ramificaciones. "Si vemos que el problema de fondo es muy duro, y que no se puede solucionar a través del teléfono, quedamos con la persona en la sede para que le atienda un psicólogo. Se les brinda la oportunidad de tener ocho o diez sesiones de una hora totalmente gratuitas", explica Berástegui. Si una mujer tiene problemas porque sus hijos consumen drogas se le orienta sobre otros recursos como Suspertu o a una persona mayor con cáncer que "no sabe qué hacer con su economía" se le proporciona el servicio de un abogado", también hay derivaciones a salud mental, a otras ONG como Cáritas o Cruz Roja....
La experiencia de horas de escucha les ha llevado a reconocer tres tipos de soledades: la que se busca porque uno decide voluntariamente quedarse "soltero" o ser "religioso"; la "impuesta" por una situación como puede derivar de la muerte de una pareja o un accidente, y la tercera soledad, subraya, la más dura, la "acompañada, la de tener con quién pero no tener nada en común". Y ésta es la más que más moviliza a los usuarios del Teléfono. ¿Perfil?: Mujer de más de 50 años, "viuda con marido en el bar que se siente completamente sola. Él está jubilado, pero tiene su partida a la tarde. Sus hijos se han ido de casa, está esperando nietos que no llegan, sigue con sus trabajos de siempre, no ha trabajado fuera de casa, con una poquísima valoración de sí misma, con una relación que no le satisface...", señala el coordinador.
El Tedio
"Hay mucha gente que está sola, que no tiene aficiones y a la que la televisión hace mucha compañía. Muchas veces tratas de profundizar en lo que hay detrás de una pequeña frustración y preguntas qué va a hacer esa tarde-noche, y te responde que ver la tele. "La gente está muy aburrida, no le gusta la radio, no lee... aunque también te encuentras con todo lo contrario, con que te satisface hablar con gente muy culta", precisa. "Las causas de la incomunicación tienen mucho que ver con la rutina, con la soledad, con la monotonía... aunque estés en pareja", remarca.
Algunos de los que llaman terminan formando parte del grupo "Entre amigos" los sábados por la tarde para pasar un rato en la sede, para hablar... A través del teléfono se ha conocido mucha gente aunque a otra le retrae mucho el factor "sorpresa".
Medios de Comunicación
En la sociedad más mediatizada (televisión, Internet...), la comunicación falla. Las relaciones con los hijos lo demuestran. "Muchos padres no se conocen a sí mismos y no pueden regular sus emociones. Dicen, "es que me subo por los paredes cuando mi hija tira la ropa, no responde...". pero no saben identificar ese sentimiento, si es frustración, ira, envidia, vergüenza... en el momento en que saben ponerle nombre, se puede hablar de qué tenemos que poner en lugar de esa rabia, si hay que tener comprensión, comunicación, afecto...", indica. Y mientras unos susurran su vida a un teléfono anónimo otros airean trapos sucios o intimidades delante de una cámara. "El que sale en los medios a contar sus miserias es que está vacío. No tiene ninguna formación, porque con esa exhibición ni creces ni superas nada, la vecina de enfrente se apiada de ti, pero eso sí como ha salido en televisión es como si ya fuera alguien...".
Fuente: www.noticiasdenavarra.com
Imagen: Javier Bergasa
Revista avivir (Nº 245)
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